Era ostensible la diferencia de armamento entre el paupérrimo “ejército” mexicano y el francés, visto éste como el mejor del mundo; pese a ello, ganó el primero y exhibió la insólita incapacidad del otro.
FRANCISCO Zarco, el escritor liberal del siglo XIX, escribió el 6 de mayo de 1862 –en el periódico “El Siglo XIX”–, un ensayo del cual tomo las siguientes frases:
“Con la más viva ansiedad se esperan más detalles de la memorable jornada de ayer, en que nuestros soldados, los defensores de la Independencia, de la Libertad y de la Reforma, han triunfado sobre los mejores del mundo… Que las huestes francesas hayan sido rechazadas tres veces por nuestro ejército republicano, no importa sólo para México el brillo esplendoroso de la gloria militar, que tanto deslumbra a los pueblos. Nuestra primera victoria tiene una significación más alta en lo político, en lo moral… México, el país devorado por la anarquía, el país devastado por la guerra civil, tiene fuerza y ardimiento suficientes para defender su independencia y sus instituciones contra la agresión injusta de la primera potencia militar del mundo”.
En efecto. México se encontraba en aquellos años inmerso en una caótica situación política, económica y social, que motivó que España, Francia y Gran Bretaña formaran una coalición contra México. Mediante la Convención de Londres esos tres países europeos se comprometieron a enviar sus fuerzas militares contra la nación mexicana, en defensa, principalmente, de sus sacrosantos intereses económicos.









