ENERO 2021. El presidente Meade aún tiene problemas con el asunto de la legitimidad. No fue fácil ganar hace tres años. Fue una elección extremadamente cerrada, muy similar a 2006. El fantasma del fraude y de una elección de Estado pesa aún sobre gran parte del imaginario nacional. Las posturas ideológicas se han radicalizado como nunca antes, aunque controlables aún.
Preocupan manifestaciones sociales violentas en algunas zonas del país. Se nota la diferencia de los distintos Méxicos. Hay contrastes marcadísimos entre los estados ricos, sobre todo en la capital y en el norte, y los estados pobres, particularmente en el sur del país.
Los números macroeconómicos merecen respeto internacional, el tipo de cambio se ha mantenido relativamente estable y la inflación no es una preocupación latente. La generación de empleos se ubica casi en la misma racha de hace nueve años, creciente sí, pero insuficiente y con salarios aún castigados. Si bien los números podrían merecer aplausos del Banco Mundial y la OCDE, todavía falta mucho para que se reflejen en los bolsillos de la población. Los niveles de pobreza apenas han disminuido y, en promedio, la mitad del país sigue con carencias de lo más básico.









