EXTRAÑAMENTE podríamos pensar que la capital de Chihuahua, con su tranquilidad, sus montañas y sus valles cobrizos, hubiese sido cuna de grandes movimientos sociales, como la Independencia y la Revolución Mexicana.
Gratamente sorprendido el visitante de la primera vez, al toparse con una ciudad que combina su sobrio pasado colonial con la modernidad del Tercer Milenio, el paseante encuentra en Chihuahua una amplia gama de atractivos históricos, sociopolíticos y culturales. Sobre todo los de su rico bagaje arquitectónico.
Estos van desde sus regios palacios y casonas, algunas que conservan vestigios y reminiscencias de la época virreinal, pasando por bellas construcciones de claros rasgos decimonónicos, hasta las nuevas edificaciones que muestran el rostro de una urbe que se yergue sobre los cimientos de su antigua grandeza.