ALGO tendría que decirnos el hecho de que un gobernador tras otro, independientemente del partido político o de la ideología que profese, haya solicitado la presencia del Ejército en su territorio. El propio Andrés Manuel López Obrador, que como candidato se inclinaba por regresar a los soldados a sus cuarteles, ha reconocido que modificó su opinión cuando tuvo a la vista la magnitud del problema. Es decir, los que tienen la visión de conjunto y, sobre todo, la responsabilidad, se inclinan por involucrar al Ejército en la seguridad pública. Al menos eso tendría que obligarnos a pensar dos veces a los que emitimos opiniones con la comodidad de no tener que asumir las consecuencias.
Y sin embargo, funciona…
Afirmar que la política de seguridad de la 4T es un fracaso o que la llamada “militarización” no ha hecho más que empeorar la situación, no es correcto.
López Obrador, la Cumbre de las Américas y el Real Madrid
LA costumbre de subestimar a Andrés Manuel López Obrador explica en gran medida la debacle en la que se encuentra la oposición. El presidente rústico, limitado, provinciano, auto destructivo e ignorante que describen los adversarios, ha ganado una tras otra las principales batallas políticas en las que se ha enzarzado.
Un mundo sin mañaneras
¿CUÁNTO de la llamada polarización es en efecto un choque de trenes entre dos visiones de país antagónicas y cuánto hay de boxeo de sombra para efectos mediáticos y necesidades políticas?
Haiga sido como Haiga sido, versión 4T
LA célebre frase de Felipe Calderón, “haiga sido como haiga sido” para justificar o minimizar las irregularidades cometidas en la polémica elección del 2006 que lo hizo presidente, constituye un monumento al cinismo y una versión tropicalizada del viejo adagio “el fin justifica los medios”. Y no olvidemos que su respuesta, en esencia, se dio ante un cuestionamiento sobre las acusaciones de fraude que se hacían sobre la campaña y la votación misma.
LA JUSTICIA BRONCA
Más allá de que siempre será una buena noticia para los ciudadanos el castigo de un presunto corrupto, el hecho es que el caso de El Bronco no abona a una cruzada por la honestidad en las altas esferas.
LOS PECADOS DE SANTIAGO
LLAMA la atención que los dos cuadros responsables del combate a la corrupción en el Gobierno de la Cuarta Transformación, Irma Sandoval y Santiago Nieto, hayan dejado su puesto por escándalos políticos que nada tienen que ver con las responsabilidades encomendadas. La primera, titular de la secretaría de la Función Pública durante los primeros dos años, fue despedida por encabezar una fracción política cuyas acciones se cruzaron con los deseos del presidente (sobre todo, aunque no exclusivamente, en las elecciones de gobernador en Guerrero, al que aspiraba un hermano de la exministra). Y en el segundo, Santiago Nieto, cabeza de la enjundiosa Unidad de Inteligencia Financiera, separado del cargo tras la polémica desatada en torno a su boda.
El presidente no necesita quien le escriba
Un presidente que escribe libros ciertamente no es garantía de nada. José López Portillo (1976-1982) probablemente haya sido, al menos en términos formales, el mandatario mexicano más “culto” y sin duda un orador consumado, pero en el ánimo de muchos ciudadanos le disputaría a Vicente Fox (2000-2006), el menos ilustrado de todos ellos, la penosa distinción de ser el peor presidente mexicano de la época moderna. Las muchas o las pocas letras no parecen ser un factor decisivo para ejercer el complicado oficio de gobernar.
El obradorismo en la encrucijada: ¿Restauración o Transformación?
NINGUNA duda cabe que la energía que alimenta el inagotable motor del presidente Andrés Manuel López Obrador es su deseo de hacer algo para mejorar la condición de los pobres. Lo que no está del todo claro es la vía por la que se ha decantado para conseguirlo.
Pensándolo bien
La pobreza que exhibe hoy el PAN entraña un enorme riesgo para la estabilidad del sistema político. Toda inconformidad permanente que no encuentre una salida natural buscará otras vías.









