EN un país que ha vivido años duros, marcados por la violencia extrema, la baja de 46 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos es una buena noticia. Cada vida preservada abre una rendija de esperanza. Sin embargo, la seguridad pública se siente en la calle, en la casa, en la escuela, en el camino al trabajo, en la posibilidad sencilla de vivir con tranquilidad, más allá de las estadísticas. Por ello, el dato merece analizarse en un contexto de mayor alcance.
