LA llegada de Ernestina Godoy a la Fiscalía General de la República (FGR) no fue acto administrativo rutinario, sino un mensaje político cargado de simbolismos, silencios y advertencias. Desde el primer día, la nueva fiscal mostró que su papel no será el de una operadora técnica de justicia, sino el de un engranaje clave en la maquinaria de poder que busca blindarse frente a la crítica y la denuncia.
