QUÉ penoso caso es el de Javier García Cabeza de Vaca, exgobernador panista del pujante y trabajador estado de Tamaulipas, quien dice que ahora quiere ser Presidente de la República. Sus dichos y sus deseos no son más que eso, deseos, porque en la lejana posibilidad de que se le concediera, los tamaulipecos serían los primeros en estar en desacuerdo y protestar, porque han sido gobernados por él y conocen sus capacidades, o sea, saben de lo que está hablando.
De hecho, los medios de comunicación de ese estado, del orden nacional y no se diga de las redes sociales, mencionaron en su momento que sabían de buena fuente que se encontró un gran desfalco –algo así como 21 mil millones de pesos o más–, en las finanzas públicas realizado durante su administración.
Los tamaulipecos recuerdan también que, durante su gobierno, los grupos del crimen organizado tomaron fuerza y crecieron en forma importante, por lo que las familias no vivían a gusto y el temor y la inseguridad se apoderaron de las calles, negocios, empresas y carreteras, lo cual convirtió a Tamaulipas en la nota roja local y nacional, de donde la sangre y el llanto parecían brotar por lo descarnado de las historias contadas, por el gran número de muertes de jóvenes, adolescentes, hombres y mujeres, secuestros, desaparecidos, extorsionados y torturados.
Fue un gobierno de terror, en donde la economía benefició a unos cuantos y dicen las malas lenguas que sus cuentas bancarias y sus bolsillos fueron los primeros en ensancharse.
Mis amigos con los que todos los días por las tardes tomo café, dicen que, con la iniciativa de ley que propuso la presidenta Claudia Sheinbaum, personajes como García Cabeza de Vaca perderán todas las posibilidades de aspirar a un puesto público, sobre todo de elección popular, ya que, de ser aprobada en el Congreso de la Unión la propuesta, todos y todas aquellas suspirantes que tengan doble nacionalidad quedarán impedidas legalmente, porque aunque quieran no podrán aspirar a ser presidentes de la República, gobernadores o jefes de gobierno de la Ciudad de México, a menos que renuncien a su otra ciudadanía.
Dicen también que no creen que Cabeza de Vaca renuncie a su nacionalidad estadounidense, porque él mejor que nadie sabe que no le conviene, porque no tiene ninguna posibilidad de ganar en buena lid ni el boleto del estacionamiento, mucho menos que el pueblo, que tiene memoria, le crea, lo acepte y le perdone todas sus transas.
Lo que quieren los tamaulipecos es tranquilidad y que regrese, pero todo lo que se llevó de las arcas del Gobierno del estado, y el país en general quiere que no regresen el terror y la muerte a esa frontera y que no regrese con gobernantes como él, la super explotación en la que vivía la clase trabajadora con salario mínimo de ochenta pesos diarios, el cual en lugar de crecer cada año, se reducía por los apretones de cinturón que según el gobierno necesitaba la economía del país.
Dice la presidenta Claudia Sheinbaum que la medida propuesta al Congreso de la Unión para que las y los interesados en competir por un cargo público ostenten únicamente una nacionalidad, lleva la finalidad de poner un candado más a la injerencia extranjera en los asuntos del país, aunque existen personas como Cabeza de Vaca, quien desde el extranjero se está promoviendo como posible candidato a la Presidencia de México, y desde los Estados Unidos -su otra nacionalidad–, da declaraciones, ofrece entrevistas y opina de la vida política de un país en donde tiene cuentas legales pendientes, y precisamente no ha regresado a Tamaulipas o a otro estado mexicano porque en el momento que cruce la frontera, será detenido por las autoridades para que rinda cuentas.
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*Tomado del periódico “El Diario”.
Saltillo, Coah.; Viernes 28 Agosto 2026.
Ventaneando, Lunes 21 de Septiembre de 2026.