EL 25 de noviembre de 1956, con el fin de derrocar al dictador Fulgencio Batista, el joven cubano con ideas revolucionarias Fidel Castro zarpó de Tuxpan, Veracruz, en el barco Granma, con 82 combatientes que habían sido entrenados en México, logrando desembarcar el 2 de diciembre en la costa oriental, donde fueron emboscados por el ejército. Solo sobrevivieron 20 hombres que pudieron refugiarse en la Sierra Maestra, desde donde lograron reorganizarse como guerrilla rural, apoyados por campesinos locales.

De 1957 a 1958, lo que empezó como un grupo casi destruido se convirtió en una fuerza organizada que gana apoyo popular y atrae a nuevos combatientes. Mientras tanto, el régimen de Batista pierde legitimidad, incrementa la represión y no logra eliminar la insurgencia. Durante el ’58 los rebeldes liderados por Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos pasan a la ofensiva, toman ciudades claves y el ejército comienza a colapsar. El 1 de enero de 1959, el dictador Batista huye de Cuba y Fidel toma el control político de la isla.
Una vez en el poder, Fidel se alejó de Estado Unidos y se alineó con la Unión Soviética. El 4 de febrero de 1960, el primer vicepresidente de la URSS, Anastás Mikoyán, visitó Cuba. Castro selló acuerdos comerciales para vender millones de toneladas de azúcar a la URSS, a cambio de petróleo crudo, maquinaria, fertilizantes, productos industriales y un préstamo de 100 millones de dólares. El gobierno de Cuba ordenó a las refinerías, controladas por empresas de EUA, procesar petróleo soviético, pero, bajo presión del gobierno estadounidense, se negaron.

El castrismo respondió expropiando y nacionalizando las refinerías. En represalia, Estados Unidos canceló su importación de azúcar cubana, lo que provocó que Castro nacionalizara la mayoría de los activos de propiedad estadounidense en la isla, incluidos bancos e ingenios azucareros.
En octubre de 1960 Estados Unidos impuso restricciones a la mayoría de sus exportaciones hacia Cuba, marcando el inicio del embargo económico. En respuesta, el gobierno de Fidel Castro aceleró un proceso de nacionalización de empresas privadas –incluidas numerosas compañías estadounidenses–, que se extendió durante ese mismo año. Paralelamente, Washingron eliminó la cuota preferencial para la importación de azúcar cubana, afectando el principal motor económico de la isla. Años después, en 1968, Cuba completó la estatización de la economía con la llamada “Ofensiva Revolucionaria”, mediante la cual fueron nacionalizados decenas de miles de pequeños negocios privados.

Entre 1970 y 1972, los economistas soviéticos replanificaron y organizaron la economía cubana, fundando la Comisión Cubano-Soviética de Colaboración Económica, Científica y Técnica. En julio de 1972, Cuba se unió al Consejo de Asistencia Económica Mutua, una organización de estados socialistas. Y fue así como, en las décadas de los 70 y 80, la isla caribeña de Cuba, como país satélite aliado a Moscú y bajo el subsidio del régimen comunista soviético, tuvo un “boom” económico con el que impulsó la educación, el turismo, la salud y el campo; además, se construyeron viviendas, escuelas, hospitales y carreteras.
En 1985, el reformador Mijail Gorbachov se convirtió en lider de la URSS e implementó medidas para la descentralización económica (perestroika), en un intento de fortalecer la débil economía ruso-soviética. Cuando Gorbachov visitó Cuba en abril de 1989, informó a Castro que la perestroika significaba el fin de los subsidios para Cuba.

Y fue así como la economía comunista cubana, bajo el dictador Fidel Castro, empezó a colapsar. Sin el apoyo y subsidio de la URSS, el régimen castrista inició lo que se llamó un periodo especial, donde se desarrolló una economía que subsistió del turismo, la agricultura, el petróleo subsidiado de Venezuela, el níquel y la minería, las remesas, la exportación de servicios médicos y de seguridad.
Durante todo ese tiempo, de 1959 a 2011, Castro “se enamoró” del poder y nunca quiso dejarlo. Hizo de Cuba un país de partido único, como la URSS y la China comunista. Su movimiento surgió con fuerza en un país cansado de la corrupción, la desigualdad y el autoritarismo de Batista. Pero Fidel se convirtió en lo que tanto despreció: un dictador antidemocrático y represor, que concentró el poder, coartó los derechos humanos, políticos y de libre expresión de su pueblo, sentenciando toda disidencia a su gobierno como traición.
La historia demuestra que cuando un grupo político llega al poder por las armas, rara vez quiere soltarlo; por desgracia la revolución pasa de ser un camino y se convierte en un sistema. La disciplina, la lealtaad absoluta y la idea del enemigo no desaparecen al triunfar; se quedan y se vuelven parte del gobierno. Y, bajo esa idea y la narrativa de encarnar al pueblo, se justifica todo: limitar libertades, planear la economía, controlar la información y concentrar las decisiones en un solo lider.

Durante su mandato, el expresidente Andrés Manuel López Obrador condenó abiertamente el embargo económico de Estados Unidos a Cuba y se acercó al actual presidente Díaz-Canel; en 2022 visitó la isla y se le otorgó la Orden José Martí; a su vez, se reunió con Raúl Castro. En el sexenio pasado, ante el colapso petrolero de Venezuela, se incrementaron los envíos de petróleo mexicano a Cuba; además, se contrataron los servicios de médicos cubanos con pagos directos al gobierno.
En su reciente libro “Ni venganza ni perdón”, el ex consejero jurídico de la Presidencia de México, Julio Scherer Ibarra, quien además fuera un muy cercano amigo de AMLO, nareró: “Andrés es admirador de Fidel Castro, del Che Guevara y de la Revolución Cubana hasta el tuétano. Le gusta mucho comparar a Cuba con Tabasco. Piensa que tienen muchas similitudes y entonces ve a un lider que controla a las masas y por ahí se va”.

Sin duda, es difícil entender cómo AMLO, alguien que se dice partidario del humanismo, las libertades y la democracia puede defender y admirar un régimen dictatorial que se adueñó de un país hace 67 años. En lo personal, creo que ningún habitanta del mundo debe vivir bajo sistemas dictatoriales, de partido único ni monarquías; las autocracias de derecha o izquierda son un insulto a millones de personas que han dado su vida en guerras civiles y revoluciones verdaderas con el fin de gaantizar las libertades individuales y políticas.
Ante la posible caída del castrismo, no me gustaría ver una Cuba satélite de Estados Unidos, sino una Cuba abierta al mundo libre y democrática. Se lo merecc.
*Tomado del catorcenal “Hora Cero”.
Reynosa, No. 675, Abril de 2026.
Ventaneando, Miércoles 17 de Junio de 2026.